jueves, 31 de mayo de 2007

A propósito del día del trabajo y del día del maestro





Lizardo Carvajal

Para Eduardo Pastrana Rodríguez, maestro santiaguino y martiano



Mayo amanece, alborea y aviva su clarear con la Fiesta del Trabajo. El Primero de mayo es el Día Internacional de los Trabajadores. Aquí, en Nuestra América, se festeja protestatariamente ésta, que será la fiesta ecuménica de los hombres. Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia; Cuba, Ecuador, El Salvador; Guatemala, Honduras, México; Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú; República Dominicana, Uruguay y Venezuela presienten y ven a los trabajadores marchando por el duro pavimento de sus calles, hacia el futuro de la Humanidad. Sólo Estados Unidos posterga el festejo para el primer lunes de septiembre.

Mayo se hace mozo con el Día del Maestro que se celebra en Colombia. El Quince de mayo se dedica al festejo de este oficio, de esta profesión, de esta vocación, en el país de la colomba.

En Nuestra América se festeja el Día del maestro, del educador en fechas diferentes, pero todas ellas coinciden en reivindicarlo como anafe, hornero y lumbre del trabajo. Argentina piensa en el maestro el 11 de septiembre; Brasil el 15 de octubre y Ecuador el 13 de abril; Perú el 6 de julio y así sucesivamente. Sólo Colombia lo tiene pegadito al Día Internacional de los Trabajadores, fecha ideal para pensar en el maestro.

La Humanidad ha ido recorriendo un largo camino en busca de su Fiesta
Ecuménica, y lo ha hecho por etapas que corresponden a sus particulares modos de desarrollo. Las fiestas gentiles, en la gens, las fiestas claniles, tribales y, posteriomente, las fiestas familiares que unen a los hombres en pequeños círculos cerrados.

Luego las fiestas religiosas que, más que unir, dividen a los hombres en relación con ciertas creencias. Son las fiestas del apego al mito, a la ficción y la quimera.

Al aparecer la Nación, nacen con ella las fiestas nacionales. El señorío, la territorialidad, la Patria y la Lengua; la tradición, lo nativo y lo originario se embleman para unir grupos que se aferran a su cielo, separándolo del cielo de los demás.

El 24 de diciembre es el Día de la Cristiandad. El Primero de enero, sólo une a los hombres que se rigen por el Calendario Gregoriano.

Ninguna de estas fiestas tiene el privilegio de unir a la Humanidad. Por el contrario, son expresión de división, excepto La Fiesta del Trabajo. El Trabajo, como factor de desarrollo histórico, está presente en la suma de las manifestaciones culturales de todos los pueblos de la Tierra.

Es, por lo tanto, la festividad llamada a unir, históricamente, a los hombres. Esa es la importancia del Primero de mayo, fecha en la cual se celebra, desde finales del Siglo XIX, la Fiesta del Trabajo.

El Elogio de los Oficios: El oficio de enseñar y el oficio de aprender

El trabajo es un concepto concreto. Su expresión abstracta es el oficio. El trabajo es lo general, el oficio lo específico. El trabajo remite al proceso total en su aspecto técnico y en su aspecto social de organización. El oficio avizora la función, el arte. Materializa la especialización, la especificidad del hacer social.

El Elogio de los Oficios es, pues, el elogio del trabajo en su realización social y técnica. Así lo entendió el poeta, Carlos Castro Saavedra.

Él pensó en los oficios. Él los elogió e incluyó el oficio de enseñar y el oficio de aprender:
“Aprendiz fue la luz/antes de entrar al mundo/y coronar los montes/y las cabezas de los bueyes”- dice.

“Aprendiz, igualmente/fue el río en sus comienzos/antes de ser profundo y navegable”.
Es ese el primer paso en el trabajo: la aprehensión de un oficio. El segundo paso, su desempeño.
Pero, tanto en el primero como en el segundo está presente el maestro. El hombre y la mujer que, con su voz de música entonada hace vibrar el oído y el corazón de los niños traviesos y de los muchachos de mirada infinita.

Más no importa el oficio si es necesario y útil. Si resuelve del hombre sus aspiraciones, sus ausencias:

Digno el peluquero, jardinero del pelo, en la pluma de Castro Saavedra, el poeta de Colombia que hermanó su verso con el poeta de Para Nacer he nacido y de Veinte Poemas de Amor y una canción desesperada, Neruda.

Los peluqueros: “Sobre las cabezas, como sobre rosas oscuras, se inclinan los peluqueros para hacer su trabajo. Ellos merecen, por lo menos, que les digamos en el amanecer: ¡Buenos días, amigos, jardineros del pelo!”.

Los sastres: “La historia de los sastres es la misma del cuerpo que nos dieron para gozar y padecer”.

Los zapateros: “Casas para los pies hacen los zapateros. Así es de grande su ternura. Que la mañana los alumbre a todos y les llene las manos de monedas doradas“.

El hombre es comunicación, relación, lenguaje. Todos cargamos el “oficio de las relaciones públicas”. Y es como dice el poeta de El Elogio de los Oficios:

“Relaciones públicas hacen los pájaros que cruzan por el cielo y dejan tras sus alas huella de música”.

Los periodistas: “De papel y tinta es el cielo de los periodistas. Depende de ellos que en las páginas de los periódicos – en su cielo– todos los días haya sol y luz para las aves de los hombres”.

Y todos los oficios podrían enumerarse, glorificarse en la metáfora y verso de Carlos Castro Saavedra. Sólo quedaría un espacio para interrogar el más importante de los oficios: el oficio de ser Hombre, de Ser Humano.

Claro que este singular oficio, que es el oficio de la Libertad, el ejercicio del conocimiento de la realidad, de nuestra propia realidad, para transformarla, tiene un oficiante irremplazable: El Maestro.

Por ello, es perfectamente posible tener muy juntas estas dos fiestas: la del Trabajo y la de la del Maestro.

Ellas se unen en el propósito final de la Humanidad:
La Libertad.

El Neo-analfabetismo universitario




Lizardo Carvajal
lizardo@lizardo-carvajal.com

Pedro Salinas, el gran poeta español, sostenía la tesis de la existencia, obligada en el Mundo Capitalista, del Analfabetismo Puro y del Neo-analfabetismo.
Los analfabetos y analfabetas, en la teoría del maestro, son aquellos hombres y mujeres que no han tenido acceso a la lectura y a la escritura. Son aquellas personas que transitan por los campos y ciudades, y que no saben leer ni escribir. Son hombres y mujeres que ahogan su tiempo sin que su imaginación pueda convertir en viento las páginas de una libro.

La historia de la Humanidad es, también, la historia de la lucha contra el analfabetismo. En el año 1000 d.n.e habitaban este “Globo Azul”, aproximadamente 500 millones de hombres y mujeres. Se calcula que, de ellos, 475 millones no sabían leer ni escribir. El analfabetismo era del 95 por ciento. En el año 2000 seguimos habitando este mismo “globito”, lleno de pesticidas, 6.000 millones de personas, de las cuales 1.200 millones no pueden saber lo que significan las letras milenarias que acarician nuestro entendimiento. Tenemos aún un 20 % de analfabetismo en el Mundo.

Hemos mejorado la cifra pero la enfermedad se acrecienta. Hoy, en términos prácticos, hemos doblado la cantidad de analfabetas que teníamos en el año 1000. ¡Paradojas de la Historia!
La enfermedad del analfabetismo en Colombia tiene síntomas de alerta roja. En 1985, el siempre increíble Dane nos anunciaba la existencia de 4.500.000 personas, un 13.5 % de la población de aquel entonces; veinte años después, en el 2005, la cifra continúa en 3.555.000, un “exitoso” 7.6 % de la población, según el prodigioso Dane.

Salinas, el poeta, reflexiona diciendo que entre estos miles y miles de seres que no saben leer ni escribir ha tenido la fortuna de encontrar muchos sabios capaces de enseñar los secretos del campo y la ciudad, los secretos de la vida.

Los neoanalfabetos y las neoanalfabetas, manifiesta el poeta, son hombres o mujeres que, sabiendo leer y escribir, no leen ni escriben. Son aquellas personas que habiendo asistido al mundo bullicioso de la escuela, del colegio y de la universidad, pierden la habilidad para leer y para trasmitir lo que piensan a través de un escrito o de un papel impregnado de futuro.
En la experiencia del maestro Salinas, no es posible hallar, entre estos hombres, y mujeres, verdaderos sabios. El desuso en la aplicación del Derecho a la Lectura y a la escritura, los marginan y alienan del mundo y los someten a la ignorancia o a un conocimiento parcial, tubular, guachafo y poltrón.

En un reciente artículo publicado en Internet, Jorge Enrique Vargas da cuenta que “Según estudios de empresas nacionales que tienen como requisito de enganche laboral acreditar el cartón de Bachiller o niveles superiores de educación han hecho exámenes de comprensión de lectura y cálculo matemático a sus empleados (…) todas han descubierto que de cada 100 trabajadores, más de 70 son incapaces de comprender satisfactoriamente instrucciones escritas simples y estrictamente relacionadas con su puesto de trabajo o con la máquina que operan. Han encontrado que un porcentaje aún más elevado carece de capacidad para resolver mediante una regla de tres el más simple problema matemático relacionado con su quehacer (…) han constatado también que más del 80 % de los ejecutivos con nivel profesional es incapaz de redactar, con pleno sentido y sin errores gramaticales un memorando sobre asuntos de su competencia ”.

La causa del neo-analfabetismo es el desuso, la ausencia de una práctica cotidiana de lectura y de escritura y el ignorar estas prácticas como lo que verdaderamente son: Derechos Fundamentales de los hombres, expresado en el Derecho a la Información.
El neo-analfabetismo existe actualmente en la universidad colombiana. Es una especie de costra que se aposenta en la cultura académica y que tiene diversas expresiones, diversas manifestaciones fácilmente identificables.

El escaso acceso al libro y, en general, al documento escrito es la primera manifestación de neo-analfabetismo. En este sentido, no podemos decir que el estudiante universitario colombiano adquiera, por vía de la compra, más de tres libros al año y fotocopie un promedio de seis libros, en forma parcial. Esta adquisición la hace inducida por el docente. La adquisición voluntaria y habitual es mínima.

No es práctica corriente en Colombia el canje o intercambio del libro universitario. Existe el préstamo personal de libros que un estudiante de grado superior, hace a otro de grado inferior.
La biblioteca universitaria aún no responde a las necesidades de lecturabilidad de los estudiantes. La lecturabilidad en el estudiante universitario no es integral, es parcial y, en la mayoría de los casos, no va más allá de la literatura de su curso, de las lecturas impuestas por el profesor y con el objetivo de “salir bien” en el “parcial” o en el “final”.

La lectura del periódico y de la revista es otra gran ausencia y otra manifestación de neoanalfabetismo. Es posible que se adquiera, pero en este caso la lectura sigue siendo parcial: las páginas deportivas, los cines y espectáculos y el horóscopo.

La otra manifestación de neoanalfabetismo está en la escritura. El descuido caligráfico es bochornoso. Unos garabatos, casi jeroglíficos, remplazan el signo idiomático escrito. El déficit de ideas, acompañado de una arquitectura semántica y sintáctica desajustada, inundan los informes y los “trabajos escritos” de la casi totalidad de los estudiantes.

¿Y qué decir de la ortografía? Del adecuado uso de las mayúsculas, minúsculas; de los acentos, signos de puntuación y tipografía. Se me debe aceptar que es lamentable.

¿Habrá neoanalfabetismo universitario? Casi estoy en el borde de la afirmación. Sin embargo, dejo el si o el no, a mi amable lector.

Si concordamos en el si, estoy seguro que podremos impulsar una Campaña en la que, sin prepotencias, nos unamos profesores, estudiantes y directivos universitarios.

¡Fuera el Neoanalfabetismo de la Universidad!